dimarts, 2 d’octubre de 2007

Los orígenes de Llucmaçanes

El orígen del peculiar caserío de Llucmaçanes en las cercanías de la capital menorquina, Maó, ya lo encontramos citado en los planos y mapas de Menorca de los siglos XVI y XVII, en donde se nos habla de la distribución de reducidas porciones de tierra a agricultores que cultivaban principalmente frutas, hortalizas y viñedos en su mayor parte, ya que la fabricación de vino era la gran demanda por una parte y por otra, la que generaba más ingresos en las economías particulares.



Durante sucesivas dominaciones extranjeras de la isla en el siglo XVIII, ingleses y franceses, el vino de Llucmaçanes y de los caseríos de los alrededores, era muy apreciado dada su escasez.

Las porciones de tierra cultivada normalmente procedían de diversas segregaciones que a lo largo de los siglos experimentaban las fincas agrarias más grandes, al ser estas cedidas a las diversas generaciones de hijos de los propietarios, los cuales construían sus propias viviendas, dando lugar, con el tiempo, a la localidad que hoy conocemos.

Hoy por hoy, Llucmaçanes es el típico caserío dormitorio. La tranquilidad de sus calles hace confortable a sus habitantes y su paz y sosiego hace que sea frecuéntemente visitado.

La toponomía de Llucmaçanes, o también Llucmassanes tiene como origen la época romana - año 123 a. de C.- en la antigua Minorica Baleárica, en alocución de -lucus = bosque y matiana = manzana - es decir, lugar donde debía existir por aquellos tiempos, gran cantidad de árboles de esta fruta y como podemos suponer, con el transcurso de los siglos, el nombre actual a llegado a nuestros tiempos después de muchas adaptaciones.

En 1860, el censo urbano era de 43 casas y poco más de un centenar de habitantes. El primer plano urbano de la localidad data de 1889, donde son proyectadas cuatro calles y la plaza de San Cayetano. En 1964 según el Ayuntamiento, estaban agrupadas 34 casas en el casco urbano y 82 diseminadas en sus alrededores, con 408 habitantes de derecho de los cuales 129 vivían en el núcleo urbano.

Sus blancas casas, su iglesia, sus calles, todo forma un conjunto casi de antaño. No por ello ha perdido su encanto, al contrario, a muchas personas les gustaría poder vivir en un lugar tan privilegiado.

Agradecimiento a Francesc Carreras. Datos del Archivo histórico de Maó, Archivo histórico y diocesano de Menorca, Cartas arqueológicas de J. Mascaró i Pasarius y Die Baleariem del archiduque Lluís Salvador d'Austria.


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